jueves, 26 de agosto de 2010

De Roma-Santiago. El comienzo del comienzo.

Todo el que haya viajado con bicicleta y alforjas creo que  coincidirá conmigo en que el viaje no comienza hasta que uno se monta en la bici y se pone a pedalear. Llegar hasta el punto de partida se convierte en un arduo y complicado trámite que  hay que sobrellevar. Los transportes públicos, y más el avión no lo ponen nada fácil. La bicicleta, que será nuestro aliado, se transforma en un incomodo y pesado bulto que hay que portear. Llegar al aeropuerto de partida, el vuelo con la bicicleta, la llegada a la ciudad de destino y el alojamiento, son otros de los inconvenientes que hay que sufrir antes de ponerse a pedalear.

La Bici y el avión.

Uno de los trabajos previos más incómodos es empaquetar la bici para el vuelo. Con el tiempo y la experiencia se hace más fácil pero siempre sudo "la gota gorda". Aunque ya he tratado el tema otra entrada del blog (ver Viajar con la bici), aprovechando este viaje he realizado alguna foto para ilustrar como llevo la bici.

El desguace

Aparte de la bolsa del manillar (donde van todas las cosas de valor -cámara de fotos, gps y la "pasta"-), una de las alforjas sirve como equipaje de mano, llevando en la caja el resto del equipaje (la otra alforja, saco, aislante, algo de ropa y todo lo que no se puede llevar en cabina -herramientas, aceite y artículos de aseo-).  Los pesos: alforja-equipaje de mano 7,7 Kg. (el peso máximo del equipaje de mano para clase turista es de 10 Kg.) y caja de la bici 23 Kg.

En esta ocasión Air Europa me ha cobrado 75 € por transportar la bicicleta. Como con otras compañías, las bicicletas no están incluidas en la franquicia de equipaje al considerarlo equipaje deportivo y cobran ese importe por trayecto. El límite de peso del bulto es 32 Kg., el máximo admitido por pieza. (Condiciones Equipaje Air Europa). Todo un "impuesto revolucionario", ya que el precio del billete (Madrid Barajas-Rome Fiumicino) fue de 59 €. Hubiera sido más barato y cómodo, si fuera posible, comprar dos billetes y viajar con la bicicleta en cabina.

El avión sale a las 7:05 y hay que estar 2 horas antes, por lo que es imposible utilizar el transporte público. El problema de llegar al aeropuerto me lo soluciona Paco, un amigo que me ha acompañado en otras ocasiones, acercándome con su coche.  Para evitarnos el madrugón, me deja en el aeropuerto por la noche. No soy el único que buscará un sitio donde echar una cabezadita para pasar las horas antes del vuelo.

En busca y captura.

Siempre paso un mal trago al dejar la bici en la cinta del aeropuerto. No será nada comparado con la experiencia en Fiumicino. Después de las dos horas y media que dura el vuelo me dirijo a recoger la bicicleta. Para enredar  las cosas y ponerme más nervioso, después de caminar un buen rato por los pasillos del aeropuerto, me equivoco de lugar (hay dos salas, una para Alitalia y otro para el resto de las compañías). Tras esperar durante un rato me extraña no ver mi vuelo en las pantallas. Es cuando me doy cuenta que no estoy en el lugar correcto, cosa que un auxiliar me confirma.

Una vez fuera de la zona de seguridad aeropuerto me toca entrar de nuevo. El carabinieri del control de pasajeros no parece muy convencido (es difícil explicarse sin saber italiano) pero al final me deja pasar. Ya en el lugar correcto, de nuevo a esperar. Cerca de las 11 mi cara de desesperación y mis ruegos convencen a un operario que me conduce al punto de atención al pasajero.

En el mostrador de  Alitalia me confirman que no hay noticias de mi bicicleta. No saben nada de nada. La noche sin dormir, el vuelo y la tensión hace que se me salten las lagrimas. He de reconocer que la atención de la chica de Alitalia fue excelente (rastreó en el sistema, hablo con el personal de equipajes, gestionó le reclamación e incluso buscó en internet el teléfono del albergue que tenía reservado) cosa que le agradezco mucho, pero salí desorientado del aeropuerto sin la bicicleta.

El mal momento acabó cuando, por la noche a eso de las once y media, una agencia de mensajería llevó la caja de la bicicleta al albergue. Afortunadamente estaba en perfecto estado. Me imagino que por problemas de peso con el equipaje de mi vuelo, llegó con otro avión.

Alojamiento y credencial.

En el mismo aeropuerto de Fiumicino, a unos 30 kilómetros de Roma, puede coger un tren directo (Leonardo express, 14 € cada 30 minutos) que te deja en la estación de Roma Termini (cerca del centro, con estación de metro Termini).

Para evitarme problemas con el alojamiento al tiempo que saqué el billete de avión, reserve los 3 días de alojamiento que tenía intención de pasar en Roma antes de comenzar el viaje. Hay muchas posibilidades entre las que acabé optando por el Albergue Juvenil Alessandro Downtown. La reserva se puede hacer directamente en la web de Hostel International. Está muy cerca de Roma Termini, céntrico (cerca de Santa María Maggiore y a 15 minutos andando al Foro), bien comunicado, y económico (23 € por noche en dormitorio común). No es imprescindible  el carnet de albeguista. Limpio, habitación amplia, duchas escasas, no tuve problemas con la bici -aunque está en una 3ª planta- y trato muy amable.

Después de haber reservado el albergue, preparando el viaje descubrí que hay Albergue de Peregrinos en Roma: el Spedale della Providenza di S. Giacomo e S. Benedeto Labre gestionado por la Confraternita di San Jacopo. Mandé un correo a Mónica D´Atti (coautora con su marido Franco Cinti de las guías de la Vía Francigena) para preguntarle sobre el recorrido y cómo conseguir la credencial. Ella me puso en contacto con Lucia Colaruso, ambas colaboradoras de la Confraternita, para quedar con ella y recoger la credencial en el Albergue.

La Credencial-Charta Peregrini.

En Roma.

A lo largo del recorrido más de uno me ha preguntado el porqué de empezar en Roma. Cualquiera que haya visitado esa ciudad puede hacerse una idea. Viajar a Roma era una de las razones por las que el recorrido puede verse justificado. Aunque en Roma hay multitud de lugares de la hacen merecedora de un viaje.

Tres días largos e intensos que, según se mire, dan para mucho y para poco. El primer día para situarme (un poco "empanado" por la noche en vela y el viaje), el segundo para la zona romana (Coliseo, Foro y Palatino -entrada 12 €-) y el tercero para el Vaticano (Basílica y subida a la cúpula -7 € en ascensor-). Con mucho paseo -Roma es una ciudad para disfrutar caminando- para visitar los lugares más emblemáticos: Panteón, Plaza de España, Piazza Navona, Fontana de Trevi y la Boca de la Verita. Y otros, no menos conocidos, como el Trastevere, Santa María Maggiore, la Plaza del Campidoglio, la Piazza del Popolo y San Giovanni in Laterano. No me quedó tiempo para los museos (Museos Capitolinos y Vaticanos).

Lo que más me llamo la atención: viajar a la antigua Roma en medio de una ciudad caótica; la fastuosidad y espectacularidad del interior de las iglesias de Roma; y la grandiosidad de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Tres días maravillosos con la ilusión de tener por delante más de 3.000 kilómetros y tres paises para pedalear.



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